Moonlight Shadow VS Man inthe Rain, el cautivador autoplagio del Mike Oldfield más comercial
Sería una temeridad y hasta casi un acto de altanería tratar de descubriros a estas alturas a Mike Oldfield, uno de los más reputados, reconocidos y respetados músicos del siglo pasado. Todos, me cuesta creer lo contrario, hemos al menos oído hablar de este tipo, que con tan solo 17 años fue capaz de concebir, crear y multi-interpretar (valga el palabro) Tubular Bells, la compleja y mega exitosa obra que anunciaba al mundo entero la llegada de un genio. ¿Qué tampoco has escuchado nunca la BSO de El Exorcista? Chico, háztelo mirar.
El artículo de hoy pretende presentar al otro Mike Oldfield, el que dejó parcialmente a un lado los largos y complicados desarrollos instrumentales y se centró (o fue obligado a ello) en conquistar los primeros puestos de las listas comerciales a base de un Pop más clásico, más accesible a la mayoría. Y es que si por algo será siempre recordado el Señor Campoviejo será por aquel Tubular Bells y por Moonlight Shadow, es decir, por el reconocimiento artístico y por el éxito comercial; no todos pueden decir lo mismo.
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| Mike Oldfield, ¿un genio, un mago, un vendido? |
A primera vista, podríamos afirmar que nos encontramos ante básicamente una canción Pop, es decir, poco más de tres minutos con una melodía y estribillo fácilmente reconocibles por la memoria colectiva. Pero que esto no confunda a nadie, estamos ante una de las más exquisitas, encantadoras y deliciosas canciones que se hicieron nunca. Y es que, a pesar de que Oldfield se viera obligado a ceder a las presiones de Virgin y crear temas destinados a ocupar los primeros lugares de los charts, fue capaz de abrazar la comercialidad demandada sin rozar en ningún momento el empalagamiento que en muchas ocasiones escolta a este tipo de estructuras usualmente más mercantiles y asombrar de nuevo a toda una generación con una composición que rezuma magia por los cuatro costados, una especie de puerta hacia un mundo de fantasía cuyo hechizo te atrapa por siempre gracias a esas preciosas guitarras rítmicas, a ese sugestivo toque Folk, a esa intensidad melódica tan bellamente lineal, a ese solo de guitarra tan suyo, tan bonito y reconocible, y a esos coros tan efectivos y tan idóneos a la dulce y cálida voz de Maggie Reilly, cuya excelente ejecución vocal, dicho sea de paso, no surgió de una manera tan natural y sencilla como uno pudiera creer.
La canción nace a partir de una improvisación en el estudio que Oldfield poseía en Dunham junto a varios de sus músicos tomando como base algunos acordes que tenía ya en su cabeza en la que, como él mismo declaró, la magia hizo acto de presencia de manera espontánea dando como resultado un sonido que no dudó en reconocer como maravilloso. En un principio no estaba seguro si aquel ejercicio acabaría por convertirse finalmente en un tema instrumental o cantado, llegando incluso a aceptar sugerencias ajenas, que sin embargo no llegaron a aportarle nada.
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| Captura de Maggie Reilly en el videoclip de Moonlight Shadow |
Fue aquella noche, exigido por la audición acordada con Maggie para el día siguiente, y junto a una botella de vino y su libro de rimas, cuando comenzó a escribir cualquier cosa que le pasó por la cabeza hasta las 4 de la madrugada inspirado principalmente por la visión de la luna y las sombras que ella proyectaba y por Houdini, la película protagonizada por Tony Curtis, que trataba de los intentos de contactar con el mago después de su muerte a través del espiritismo; a estas, hay que sumarle influencias de todo tipo que se colaron de manera subconsciente, como la de John Lennon:
En un principio la canción fue considerada por muchos como un homenaje al ex-Beatle debido especialmente a que en la primera estrofa de las líricas un hombre es asesinado a balazos, aunque en la segunda se hace evidente que se trata de Houdini. Aquí la aclaración del propio Oldfield:
En realidad no… o tal vez sí. De hecho llegué a Nueva York aquella horrible noche del año ´80 cuando le dispararon, me quedé en Virgin Records en Perry Street, que estaba a sólo unas pocas manzanas del edificio Dakota donde sucedió todo, por lo que probablemente caló en mi subconsciente
Sea como fuere, se cuenta una historia triste y apasionada a partes iguales que narra el momento en el que el amor de una pareja se trunca bruscamente a causa del mencionado asesinato del hombre, cuyo fantasma en forma de espíritu trata desesperadamente de volver con su amada pero que sin embargo es constantemente arrastrado por la sombra de la luz de la luna, impidiendo de este modo que ella pueda alcanzarlo y quedándole como único consuelo el reencuentro de ambos en el cielo, algún día.
Si imperecedero fue el tema, no menos inolvidable fue el videoclip, que aunque no representa literalmente la letra de la canción, el paso del tiempo se ha encargado de consignar como imprescindible:
Mike Oldfield, además de por su enorme capacidad a la hora de componer, de la aparente gran facilidad que posee a la hora de ejecutar gran cantidad de instrumentos y de sus constantes lamentaciones por tener que ceder ante las presiones de Virgin hasta el punto de incluso mostrar un cierto arrepentimiento de algunas de sus creaciones ochenteras (¿porqué si no publicó Heaven´s Open bajo el nombre de "Michael Oldfield"?), se caracterizó sobre todo por una reincidencia musical que se materializa sobremanera con la inacabable saga de Tubular Bells.
Este incesante autoplagio también alcanzó a Moonlight Shadow. En primer lugar con el single Crime of Passion, ese magnífico tema cantado por Barry Palmer, que no es nada más (ni nada menos) que un intento de imitación de la original pero con voz masculina. A pesar de ser un muy buen tema y de ir acompañando de un precioso videoclip que parece invitarnos a no perder nuestro lado más infantil e imaginativo, queda a años luz del modelo en el que se basa.
Mucho más cerca (quizá porque fue escrita poco después que la originaria y porque presenta los mismos patrones de batería) queda Man in the Rain, la nueva tentativa de nuestro querido Mike por alcanzar la excelencia conseguida por la genuina y publicada en Tubular Bells III del ´98 . Tan cerca, que sinceramente no podría elegir entre ambas; si bien Moonlight siempre será el germen clásico, la legendaria y la legítima, la letra y la cadencia melódica de la hija bastarda producen en mí un atractivo magnetismo que crece de manera proporcional a la veces que la escucho. O sea, muchísimas, casi infinitas.
En esta ocasión vuelve a recurrir a una voz femenina, la de Cara Dillon, aunque yo siempre sentí una especial predilección por la versión interpretada por Helen Pepsi DeMacque en la presentación del citado álbum en Londres junto al Buckingham Palace. Ahí, más que nunca, Mike Oldfield fue un hombre bajo la lluvia.
Es curioso como funcionan los recuerdos. Aunque es algo que no puedo asegurar, tengo la sensación de que Moonlight Shadow fue la primera canción que se instaló de manera permanente en mi mente. Ello explicaría que en mi cerebro siempre vaya acompañada por las tres imágenes que aún a día de hoy conservo de mis días de guardería.
Por ello, y por miles de cosas más, y a pesar de disfrutar a lo grande con Tubular Bells, Hergest Ridge, el estupendo Ommadawn y hasta con Amarok, yo siempre profesaré un afecto especial por canciones como To France, Shadow on the Wall, Tricks of the Light, Pictures in the Dark, Islands, Magic Touch o la Aorera Heaven´s Open, todas ellas pertenecientes a su época más inducidamente especulativa en la que Mike Oldfield demostró que la comercialidad no siempre ha de estar exenta de calidad. Y de la buena.


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