Wild Frontier, el homenaje de Gary Moore a su Irlanda natal
Con la reseña de hoy pretendo saldar una deuda, una de esas que uno contrae consigo mismo desde el mismo instante en el que decide emprender un proyecto bloggero-musical de las características que implican una bitácora como esta.
Porque, de manera involuntaria e incluso inconsciente, quizá la pretensión más influyente a la hora de decidir la canción y/o artista que reseñar sea rendir homenaje al sujeto/s en cuestión y sobre todo agradecer el tiempo de disfrute a causa de su obra, las sensaciones que su escucha conllevan y los recuerdos generados mucho tiempo después.
Esto, sin ningún género de duda, es el principal motivo por el que uno decide invertir su tiempo e ilusión en escribir sobre su canción favorita, su disco preferido, el grupo más íntimamente ligado al discurrir de su propia existencia, la banda que le conquistó por y para siempre desde muy temprana edad o esa formación tan especial que uno siente como si fuera algo propio.
Por desgracia, este agradecimiento que hoy trato de realizar nunca llegará a quién va dirigido, pues Gary Moore nos abandonó hace poco más de 5 años, aunque dudo muy seriamente que le llegara aunque siguiera entre nosotros... Me da igual, aun así no puedo resistirme a hacerlo. Además, sirva este ejercicio como dulce penitencia a mi incomprensible ausencia a su actuación en el Festival de Jazz de San Javier en 2008. No te lo perdonaré jamás
Mucho tiempo antes, el álbum Wild Frontier fue durante interminables trayectos en autobús hacia el cuartel de instrucción mi mejor compañero de viaje. Dicen que lo mejor que te llevas de la mili son los compañeros, que son para toda la vida. No seré yo quien diga lo contrario, pero yo tengo que añadir también aquellos discos: Images and words de Dream Theater, The last in line de Dio... pero sobre todo el que hoy toca reseñar.
Y es que, de manera totalmente fortuita y feliz, se convirtió en la perfecta banda sonora del libro La reencarnación de Peter Proud, un título de Max Ehrlich y que, sin ser una obra de arte, logró conquistarme absoluta y obsesivamente de un modo que no había conocido antes. Durante aquellos viajes, en aquel momento, para mí, libro y disco eran uno, la fusión perfecta.
Poco me importó en este sentido que la acción del texto de Ehrlich transcurriera por EEUU y el disco bien pudiera considerarse un homenaje a la Irlanda natal de Moore, que aunque muy joven marchó a Inglaterra, supo dibujarnos con su guitarra y mediante reiteradas y acertadísimas pinceladas del folclore celta, radiantes y verdes paisajes de aquellas bellas tierras desde el principio hasta el fin del álbum.
Y es que Wild Frontier, a pesar de carecer de baterista empleando en su lugar una caja de ritmos, es un trabajo, en lo que a calidad se refiere, muy homogéneo, todos sus cortes merecen realmente la pena, algo de lo que el bueno de Gary no podía presumir en sus anteriores discos de su época más rockera. Más tarde, en los 90, alcanzó un mayor reconocimiento general en su etapa Blues, la que él más disfrutaba íntimamente y que postergó algún tiempo para adentrarse en el Hard Rock más de moda y rentable en los 80, tal y como reconoció. Para muchos esto pudiera ser una traición a sí mismo, y quizá lleven razón, pero si no hubiera caído en tal deslealtad nunca hubiéramos conocido Corridors of Power o Run for Cover; así pues, bendita infamia!!!
Aunque no es lo habitual en el blog, si bien es cierto que no es la primera vez que lo hacemos (Images and words, Shake your money maker, Surfing with the alien...), la entrada de hoy va dirigida a todo el disco en general más que a una canción en particular. Entiendo que analizar cada uno de los tracks se puede convertir en una tarea un tanto tediosa para el que escribe y el que lee, pero sería imperdonable por mi parte dejar de mencionarlos:
- Take a little time quizá sea la más directa y cañera, con una trepidante batería, unos bonitos detalles de teclado y coros y un tremendo solo de Moore (siempre tuvo un gusto exquisito para ello), precedido de un interesante interludio acústico.
- La instrumental The Loner, donde Moore demuestra una vez más su gran talento y su gran capacidad para emocionar. Una maravilla a medio camino entre la clásica balada y el Blues excepcionalmente ambientada por las teclas de Neil Carter.
- Friday on my mind es una estupenda versión de los Easybeats, grupo australiano que contaba con la participación de George Young, hermano de Angus y Malcom. Genial el riff de teclado de Carter.
- Strangers in the darkness nos muestra a un Gary más sereno. Un tema precioso y muy elegante con un cierto aire enigmático, profundo y hasta apocalíptico que a mí me encanta.
- Thunder rising es lo más duro, lo más Heavy de la nómina de canciones, acentuando el gran ejercicio de Bob Daisley en el bajo. Aunque un tanto agresiva, podemos encontrar ciertos matices celtas confirmados por unas líricas que tratan acerca de las proezas del héroe mitológico irlandés Cúchulain.
- Cierra el disco Johnny boy, una lenta balada de clara influencias celtas que a mi particularmente puede llegar a empalagarme un poquito.
- No quiero dejarme en el tintero Crying in the shadows, una hermosa y más típica balada que apareció posteriormente en la edición de CD y por la que siento una especial predilección.
Para finalizar, he destacar los dos temas con más renombre. Primero la canción que da nombre al disco, una innegable y emotiva ofrenda a su Irlanda, una patria que, tras ser arrasada por guerras étnicas y religiosas, ha de ser restaurada y así alcanzar su antigua apariencia esmeralda.
Ni el más necio podría negar que la comercialidad del estribillo y la bonita línea melódica de guitarra tan en concordancia con el AOR imperante en aquel año ´86 buscaban descaradamente el éxito en las radiofórmulas. Sea como fuere, un atractivo y efectivo tema que en un principio estaba destinado a ser cantado por el gran Phil Lynnot, pero su muerte a principios del ´86 redujo su participación en el disco a la dedicatoria en la contraportada ("For Phillip") que su buen amigo (enemigo en ocasiones) Gary le brindó a modo de despedida.
Y por último Over the hills and far away, una canción soberbia, espléndida, épica, todo un clásico de Gary Moore. Destacar que la llamativa intro de percusión y los violines y gaitas fueron ejecutados por los irlandeses The Chieftains, y que la letra nos habla sobre la historia de un hombre condenado por un crimen del que no se tiene certeza si en verdad cometió, en lo que muchos consideran una metáfora acerca de la situación política que sufrió Irlanda del Norte durante la primera mitad del siglo XX.
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