viernes, 15 de mayo de 2026

Porque el amor no entiende de raza, edad, sexo o condición, sólo pienso en tí

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Ficha
Nombre: Sólo pienso en ti
Intérprete: Víctor Manuel
Publicación: 1979
Autor: Víctor Manuel
Género: Cantautores / Españolitos

Bonus track:
En lenguaje signos para discapacidad auditiva
En directo junto a Pablo Milanés y Ana Belén
Versión Ana Torroja, Chayanne o Melendi
Documental de la canción de Judith Colell
Referencias:
Diario Omnipresente
Mirando canciones
Música callada

En entradas anteriores dedicadas a la música patria, como por ejemplo las dedicadas a Antonio Vega, El último de la fila, Manolo Tena o Los Secretos (incluso Saratoga), reconozco que nunca he sido un gran seguidor de la música cantada en español, y que es una de las numerosas cuentas pendientes que tengo en esto de la música. Y aunque pasa el tiempo y la cuenta sigue pendiente, sigo encontrando artistas y sobre todo canciones ante las que me es imposible no caer rendido.

Lo cierto es que mi sometimiento en el caso de hoy nunca fue tal (ya apareció por aquí junto a El hombre del piano), o al menos no nuevo, pues ya incluso desde que apenas era un niño, he sentido algo especial por esta canción. Y es que siempre me fue inevitable dejar de sentir cierta emoción al escucharla, especialmente cuando Víctor Manuel entona más grave aquello de "juntos de la mano, se les ve por el jardííííín", rematando el momento de congoja la acertadísima frase de "no puede haber nadie en este mundo tan feliz", qué gran verdad. Quizá no comulgue en muchos aspectos con el cantautor asturiano (no voy a entrar aquí en ese jardín, valga la redundancia), pero es innegable que la de hoy es una muy buena canción. De hecho, y en propias palabras del compositor, la que más alegrías y dinero le ha dado.


Y no solo porque suene bien -a mí me sigue sonando genial- sino también por la historia que hay tras ella: Se encontraba Víctor Manuel en un hotel desolado de Montilla (Córdoba) un domingo por la tarde justo antes de un concierto leyendo un periódico local, cuando la foto de un artículo llamó poderosamente su atención. Se trataba de un reportaje acerca de un colegio de discapacitados psíquicos llamado Promi sito en la localidad de Cabra y dirigido por un cura y su hermano en el que los padres internaban a sus hijos, quienes haciendo muebles se financiaban ellos mismos su estancia y manutención, e incluso a veces podían mandar dinero a casa.

Pero como digo lo que en un primer momento le impactó fue la foto que acompañaba al artículo, en la que se veía a un chico y a una chica agarrados de la mano sobre una leyenda parecida a "Cuando terminan de trabajar, Juan y Carmen se dan la mano y pasean por el jardín". Y he aquí el quid del asunto, pues Mariluz y Antonio (que en realidad era como se llamaba la pareja), dos internos del centro, se habían enamorado, y lo más sorprendente, pretendían casarse.

Como es lógico, teniendo en cuenta las distintas capacidades de estas personas, y más aun tratándose de 1979 (los padres se negaban a proporcionar métodos anticonceptivos a los internos, por ejemplo), fue este todo un acontecimiento local que Víctor Manuel convirtió en noticia nacional e incluso más allá. Como curiosidad en este sentido, permaneció vetada varios años en Argentina durante la dictadura de Videla, por el rojismo del autor, supongo.

Mariluz, Antonio y Víctor Manuel
Mariluz, Antonio y Víctor Manuel,
nuestros tres protagonistas de hoy
Respecto a la letra -acertadísima como decía más arriba- en el primer párrafo trata sobre Mariluz y de cómo accidentalmente fue provocada su discapacidad. Aquí ineludiblemente el oyente siente gran pena por la niña, aunque a mí siempre me provocó gran curiosidad y aflicción la situación del padre, no quiero ni pensar el cargo de conciencia que le quedaría al pobre hombre toda su vida.
En una segunda parte nos habla de Antonio, cuya distinta capacidad en este caso es genética. Cuando uno escucha lo de "aquello era un castigo del Señor" o "le buscó un lugar para olvidarlo" es inevitable dibujar mentalmente una imagen antigua, rancia, eran otros tiempos.
En la tercera y última nos habla de los dos, de cómo en el comedor ella le regala una flor y él le dibuja algo parecido a un corazón. ¿Veis por lo que digo lo de acertadísma la letra?


Pensaba antaño que era esta una canción triste, por su musicalidad, por la taciturna ternura que inspiran estas personas de distintas capacidades o por las rancias trabas sociales y legales (incluidas la de la Iglesia Católica) que la pareja encontró, pero comprendí que no, que por el contrario se trataba de una canción alegre, una loa a la superación de dos personas felices hasta la extenuación que se aman sin condiciones y que finalmente superó todo obstáculo que se les puso por delante y consiguió lo que más querían, casarse, tener hijos (3) y envejecer juntos. Sin duda una victoria distinta de dos personas diferentes.


La canción consiguió mostrar un poco más la situación de estas personas con discapacidad psíquica a la mayoría de aquellas que no cuentan en su propia familia o en su círculo más cercano con alguien con estas peculiares circunstancias. Y más importante aun, todavía lo sigue haciendo, tanto que incluso en 2010, más de 30 años después de ser lanzada en una entrega de premios literarios en honor a la canción, coincidieron los tres protagonistas de hoy.

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